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Todos los precios de ofertas acaban en 99..y las hay por todas partes.
Entregamos un billete y nos devuelven un pequeño céntimo de euro, una moneda que acaba entre el nerviosismo del que la recibe y la indiferencia del que la entrega en el suelo.
Son los céntimos de un color sucio, indescriptible, apenas se distinguen entre ellos si son de 2 ó 5 céntimos, menos aún los de 1 céntimo que aparecen en el suelo de las calles y nadie se agacha a recogerlos, ¿para qué? son tan difíciles de atrapar que están hechos para eso..para perderse entre esquinas,bajos de mesas, camas, y fondos de gabardinas.
En cambio las relucientes monedas de 1 y 2 euros, son primorosas.Relucientes, pesadas, hechas para todo tipo de manos desde el bebé inversor al anciano Parkinsoniano, pasando por la monja pastelera.
Hay clases entre las monedas..
Hay clases.
En los billetes pasa igual, el de 5 euros lo confundo con cualquier papel, arrugado y gastado,de color indefinido...¿gris,azul-verdoso?. En cambio el reluciente de 10 euros sonrosado él por su vida en el campo o el marino azulado de 20..con sonido a chimenea de barco......Del resto de billetes, muy de vez en cuando, recuerdo de pasada el que lleva el número 50, que lo miro una y otra vez para convencerme que es 50, y me queda la zozobra y angustia de su desaparición inmediata.
De los demás ni idea.
Dicen que existen.