miércoles, 29 de abril de 2009


Querido Javier Ortiz:
Cada Domingo en el programa de MQP en la" Mesa a Tres Bandas", te escuchaba y sobre todo me gustaba escucharte tus parabienes, o paramales o paraanormales según cual te tocara ese día a ti en suerte, como los toros en las corridas de Vista Alegre.
Tu ingenio, tu cascarrabiez, tus banderillas en plena cruz del cogote de algún o alguna "vache espagnole", me hacían reflexionar desde el acuerdo y el desacuerdo, pero siempre con la sensación de que eras un jodido que ya te habías pasado por delante con tu saber hacer, ingenio y brillantez..esa brillantez de andar por casa, la que va calando y llega a ser indispensable.
Recuerdo que cuando Dani o Iratxe leían algúno de mis parabienes o paramales, (los enviados por los oyentes) esperaba si echabaís una sonrisilla, tú o tu compadre Javier Vizcaíno o si pensabas algún comentario.
No te puedo decir la alegría que sentía de saber que lo podías haber oído ese día.

Se ha dicho todo de ti, hasta creo que estaban haciendo una Tesis Doctoral !La leche tú!, así que solo decirte, como dije ayer, que no se te ocurra volverte a morir, que además de ser muy feo el asunto, es una broma que en esta ocasión no nos hace ni pizca la gracia.
Por ahora, me hago a la idea que estés de vacaciones cerca de la palmera de la playa.

Dejo tus últimos diarios aquí , en los que se va traduciendo tu denuncia de un sistema lento y muchas veces ineficaz sanitario que comparto al 100%, contrastado con la calidad y calidez de sus profesionales, desde la limpiadora hasta el cirujano.
Y sobre todo donde al leerte, dan ganas de estrecharte fuerte y cariñosamente entre los brazos para hacerte pasar ese trago de enfermedad.
Muchos besos Javier allá donde estés.
Vuelve pronto.


25 de Febrero

La salud

Estoy de médicos. Por distintos motivos. Y desengañado.
Tengo diversas cañerías corporales con fugas desagradables.
Para empezar, mi columna vertebral es un desastre. Cuento con varias vértebras lumbares que me dan, de vez en cuando y sin avisar, unos latigazos bastante dolorosos. Pero lo peor no es eso, sino mis vértebras cervicales, que se han puesto caprichosas y se las arreglan para limitar el riego sanguíneo de mi precario cerebro, lo que me produce mareos inoportunos (¿habrá mareos oportunos?) y, en general, una permanente sensación de aturdimiento. Eso puede mejorarse con medicación, pero los medicamentos adecuados hacen polvo el estómago.
¿Ventaja? Como me da asco comer, he adelgazado diez kilos. Pero tampoco es plan.

Te replanteas todo el asunto y vas a consultar a un experto. Te dice que lo primero que necesita ver, para poder tratarte, es una resonancia magnética de tu columna. Excelente: la lista de espera de las resonancias magnéticas por la vía de la Seguridad Social madrileña es de un año (mes arriba, mes abajo). De modo que, como no puedes esperar tanto, acudes a una clínica privada donde, por hacerte una resonancia de ésas, que no tienen nada que envidiar a los métodos de la BPS y la Gestapo (tres cuartos de hora inmovilizado y metido en un receptáculo espantosamente claustrofóbico), te cobran 360 euros. Y eso en plan de amigos, porque vas recomendado.

Luego vendrá el tratamiento, que a saber en qué queda. Y a cuánto sale.

Segundo asunto: mi vista falla de manera escandalosa. También en este particular probé la vía de la Seguridad Social de doña Esperanza, pero los servicios que me tocaron –estoy seguro de que no todos son así: es sólo mi proverbial mala suerte– resultaron renuentes, desdeñosos, antipáticos y, por decirlo en una sola palabra, repelentes. Les importas un pijo, y se ve a una legua. De modo que opté por echar mano de mis ahorros, en esto también, y pedí cita en una clínica oftalmológica privada. Me la han dado… ¡para el mes de mayo! ¿Tendré ojos para entonces?

Y no sigo con más detalles, que esto ya parece una jeremiada.
Materialista impenitente, siempre he pensado que las ganas de vivir dependen directamente de la calidad de vida. Ya se sabe: salud, dinero y amor. El dinero no me sobra, pero tampoco me falta, por lo menos para lo elemental. Amor tengo más del que me merezco. Pero la mierda de la salud empieza a tocarme las narices. Y los dientes. Y las muelas. Y la columna. Y los ojos. Y los oídos. Y el estómago. Y el hígado. Y el intestino. Y los pies.

15 de Marzo

Enfermo

Llevo varios días con problemas gástricos de importancia, que desde el pasado viernes por la noche se han agravado de modo preocupante. No puedo comer nada (nada de nada) y me paso el día vomitando. Menos mal que había dejado hechas las columnas del sábado, el domingo y el lunes. Si el lunes por la tarde sigo igual, iré a urgencias. Me aterra la idea de que me ingresen. Aunque trate de dejar unas cuantas columnas de adelanto, la hipótesis no puede ser peor para alguien que vive de escribir a diario y que es trabajador autónomo. ¿Tendría condiciones para usar el ordenador portátil en el hospital? De momento, ya me he visto obligado a renunciar a una conferencia que tenía que dar en Córdoba y que ya tenía escrita. Imposible viajar en el estado de debilidad en el que me encuentro.
En todo caso, os ruego que de momento no tratéis de poneros en contacto conmigo hasta nuevo aviso.

18 de Marzo

Gracias

Doy mis más expresivas gracias a los muchísimos amigos y amigas que se han interesado durante estos últimos días por mi salud. Las multiplico por muchísimo en el caso de Charo, mi mujer, a la que he convertido sin querer no sólo en atenta cuidadora, sino también en secretaria circunstancial: al no poder hablar directamente conmigo, un montón de gente –familiares, amigos que son como de la familia y amigos sin más, que no es poco– se ha dirigido a ella para informarse de la evolución de la cosa.

Superado el momento más antipático del mal, paso a informar por mí mismo.

Todo indica que, aunque la enfermedad se prolongue por algún día más, lo hará ya de capa caída.

Una vez neutralizada del todo, habré de dedicar otro tanto a recuperar fuerzas, porque pasarse varios días sin comer nada o casi nada debilita lo suyo.

Esos días me vendrán igualmente bien para poner la voz a punto, porque el caso es que me he quedado bastante afónico, cualquiera sabe por qué.

Por resumir: que notablemente mejor.


22 de Marzo

Mi gozo en un pozo

Recordaréis que la pasada semana di cuenta de que el padecimiento que sufría remitía a ojos vista. Y así era. Lo que yo no suponía es que el tratamiento que tuve durante esa semana iba a acabar por poner de manifiesto males bastantes más hondos y nada claros, relacionados con dolencias hepáticas más o menos agudas. Así que ahora me toca pasar no menos de 15 días bajo estrecha vigilancia, numerosas pruebas, incisiones y demás parafernalia.

Qué le haremos.


28 de Marzo

El parte

Hace ya días que decidí no dedicarme a poner paños calientes a mi estado de salud, porque ni vosotros sois niños de teta ni la rumorología puede controlarse a voluntad.

Seré breve:

1º) Tengo una hepatitis aguda, con afectación al hígado y a aún no se sabe si a más órganos de importancia. Lógicamente, estoy hospitalizado desde hace una semana;

2º) Es imposible calcular el tiempo que puede demorarse el diagnóstico: desde quince días a partir de hoy (mínimo) a un máximo que los médicos no pueden determinar;

3º) como en todas las hepatitis, aparte de las infinitas pruebas –casi todas acompañadas de extracciones de sangre, pero eso es lo de menos–, el paciente sufre un cansancio enorme, próximo al agotamiento permanente. Por poner un ejemplo: recorrer un mero pasillo hospitalario me deja para el arrastre, hasta extremos realmente inverosímiles.

No hablaré de la calidad de la comida. Sí de la excelencia del nivel de atención de los médicos y médicas (muchas), enfermeras, auxiliares, celadores, limpiadoras, etc., salvando las inevitables excepciones (la del capellán intruso, por ejemplo, que se te mete en la habitación para ofrecer sus servicios/oficios sin que nadie los hubiera demandado).

He de mostrarme igualmente muy pero que muy consolado porque el Hospital me haya permitido montar un pequeño pero eficaz tinglado informático que me permite conectarme a la Red, leer los diarios, bajarme sus ediciones en PDF y enviar las columnas a Público con la misma cadencia de siempre. Sin esas horas dedicadas al trabajo lento, premioso, fatigoso, pero volcadas en lo que más me gusta, esto se me ha haría deprimente, insoportable.

O sea, que francamente mal, pero podía ser peor. En todo, y dedicado a las radios con las que suelo colaborar más asiduamente (Radio Euskadi y Ràdio 4): olvidaos de mí de momento.

2 comentarios:

M i K e L dijo...

Te queremos, JO. Una jartá!

Io dijo...
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