
Hablaba con una escultura,
más hablaba más pesado me sentía.
Mis dedos comenzaron a entumecerse,
mis ojos apenas parpadeaban.
Sentí la garganta seca como la arena de playa.
Hablé y quedé mudo.
Un corazón de concha, en el eco
del murmullo del mar,
latía.
Hablé con una escultura,
sirenita de piedra,
concha,
arena y playa.
1 comentarios:
Unos flases de luz, a modo de rayos, a modo de exclamaciones, saliendo de coches suspendidos en el aire en un círculo sin vida.
Huellas de fuego, olor a pólvora, espectásculo y destrucción, monumentalidad y caligrafía china.
Oscuros pasadizos hasta las salas de vídeo, jugueteo rebosante de ternura, fugaces caricias. Love -hate en la pantalla, lucimiento de anillos en escenarios incomprensibles para mí, palmera incluida. Adolescentes que corretean como una bandada de gorriones desorientados.
La creación en que reconocernos, figuras que se desmoronan mientras exhiben su descarnado armazon de hierros y maderas. Naufragio y porcelanas rotas, como tantos sueños, como tantas esperenzas, como tantos anhelos. No hay mar, sólo se sugiere...,no hay vida pero seguiremos soñando, seguiremeos imaginando horizontes mejores, agitados y bulliciosos..., seguiremos así mientras sigamos respirando. La vida sólo necesita de una pequeña rendija favorable para mosdtrarse en toda su potencia, incluso en el más duro, en el más inhóspito de los escenarios.
Fantasía, color y exhibicionismo.
Unas horas mágicas por muchas razones, unos momentos entrañables para el recuerdo, para la nostalgia y para la esperanza.
No basta con estar para poder ser testigo de ese conversar tuyo con las esculturas...Tu imaginación se mueve en planos que no alcanzo, ¡eres increible, Sonia!
Sigo sorprendiéndome, siempre me sorprendes.
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