jueves, 10 de julio de 2008


Desde el primer día, no dejé pasar la pequeña carta de saludo y buenos deseos de la mujer que arreglaba la habitación del hotel donde estaba de La Habana Vieja.
Le contesté a su preciosa carta, en el reverso de un sobre en blanco, una metáfora estupenda de nuestra correspondencia: cartas sin papel ni sello, cartas de sobres tan solo.
Estuve así los 4 días que duró mi estancia en el Tejadillo,que así se llamaba el Hotel, escribiendóme con Ruth, que así se llamaba la camarera, nos intercambiamos dibujos, versos, frases revolucionarias.
A falta de recibir emilios, hablaba con la inmediatez de un sobre en blanco cada día.

El día anterior a marchar me fijé que en la calle, uno de los chicos que trabajaba en la obra de albañilería de una fachada, era un joven con Síndrome de Down, se le veía feliz trabajando allí entre los otros, moreno por el sol, alegre por demás...con mucho bambolei.
El último día conocí a Ruth, una mujer menuda que me paró en la escalera, entre tropezón y tropezón, para enseñarme un pequeño albúm de fotos, fotos de su hijo de su compañero un día de verano, su hijo un niño con Síndrome de Down.
Le di un abrazo, le dejé la mitad de mis escasas pertenencias.
Pensaba en Carlo Frabetti y sus recónditas armonías.
Pero lo que siempre recordaré, serán los sencillos y sinceros sobres con los que nos comunicabamos, aquellas frases llenas de buenos deseos y esperanza revolucionaria.

PS:
Me caí varias veces en las escaleras de mármol, eran tremensamentes altas entre peldaño y peldaño.
En un momento pensé que tenían esa distancia, para que las mujeres ricas de antaño, arrastraran mejor las enaguas.
Las pobres siempre andamos con pasos cortos.

2 comentarios:

kanif dijo...

¡Precioso!
Los pobres somos los dueños del mundo; los ricos sólo lo administran...
¡Que Ud. lo pase bonito, señora!

Blanca dijo...

Me encanta el fondo y la forma de contarlo.
¡Qué suerte, tu viaje a Cuba, para los que te leemos. Gracias por compartir.

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