miércoles, 24 de septiembre de 2008


Les veo aspirando cola, en una especie de media, calcetín.
Van bajando la cabeza y los parpados ,van bajando la cabeza y los hombros y de repente se despiertan y suben, luego vuelven a bajar y a subir así una y otra vez.
Como si fueran culebrillas, serpientes bailando al son de los olores del pegamento y disolventes.
Van bajando haciendo ondas y van subiendo haciendo ondas, una y otra vez...subiendo y bajando como serpientes encantadas. Apoyados en las aceras, en las persinas, si les ves..como serpientes.Dormidos..van bajando la cabeza aspiran, cierran los párpados se quedan quietos y despiertan suben otra vez, aveces en esos momentos cruzan la mirada, una mirada fría de serpiente, serpiente dormida..y de nuevo aspiran del calcetín, abren un poquito los párpados y vuelven a dormir unos segundos apenas y bruscamente elevan los hombros y vuelven a hacer eses, grandes eses como si una serpiente encantada saliera de un cesto de mimbre.Imantados al son de la cola, encantados por los disolventes, ellos, como serpientes, en los lugares fríos de la ciudad de BIlabo en San Francisco, chicos de apenas 14 años, chicos que duermen, una y otra vez fríos,en esquinas de La Naja, dormidos despertando como serpientes, acurrucados en las persianas de la calle Cortes, calle La Cantera, andando perdidos, durmiendo, despertando reptando, una y otra vez a la sombra de las grandes Torres de Isozaki, a la sombra de las grandes obras minimalistas del Gugenheim, a la sombra de nuestras óperas y bailes..a la sombra de San Mamés..a la sombra.
Acabando en la sombra que los acoge, siempre a la sombra.
En Bilbao, la jungla llena de serpientes que elevan y bajan los hombros haciendo grandes eses.

"Quise arrodillar mi corazón y entregárselo a una mujer ,piedra de sol, piedra de sol yo también fui piedra ,piedra de sol" decía una canción árabe en Berebar.

4 comentarios:

kanif dijo...

Capitán Cola recoge monedas con la misma bolsa con la que esnifa su pegamento. Literalmente se esnifa la pasta. Lo que le das entra por su nariz y acaba en su cerebro.
Se sienta como un santón indio, sobre dos huesos cruzados cubiertos por los restos de un pantalón, y mendiga su ración narcótica.
Luego coloca la bolsa sobre su cara y así se libra por un rato de oler la mugre que le rodea.

Capitán Cola es la prueba palpable, pateable, de la resistencia del cuerpo humano.
Su cabeza surcada de cicatrices, que una vez vi sangrar, ha aguantado tralla por dentro y por fuera. Su boca es una ranura; una herida abierta a cuchillo.

Capitán Cola no tiene color. Es blanco traslúcido como su bolsa de plástico, como su cola reseca. Es cóncavo, hueco. Su cara se ha hundido en profundos recovecos y sus ojos miran hacia dentro. Su torso es una sudadera deshilachada que cuelga de una percha rota.
Su voz también es cóncava. A veces levanta una mano, abre la boca y sus palabras rebotan en su caja hueca hasta que salen atravesadas.

Capitán Cola es un místico. Es un asceta del pegamento. Capitán Cola balbucea mantras más viejos que el mundo. Capitán Cola es eterno. Es una nariz que esnifa el cosmos. Un agujero negro que absorbe sin tregua; que se devora a si mismo.

javi dijo...

Ya estamos en otoño, tiempo de juntar todas las tristezas y enterrarlas en el jardín.

Allá, cuando llegue la primavera, veremos hermosas flores, distintas a todas las demás.
Y así, año, tras año, que el otoño es tiempo de siembra.
Y nuestros vecinos preguntarán
¿ nos darás de las semillas de estas flores para tenerlas tambien en nuestros jardines ??.

Y es que la diferencia entre el hombre mas rico y el mas pobre no es sino un dia de hambre y una hora de sed. Todo lo demás lo constituye la superfua e innecesaria necesidad.
Sino que se lo pregunten a mi hija la trikitilari, que está cooperando en Puyo ( Ecuador amazónico ).

sonia dijo...

Bueno ,no puedo dejar de felicitaros a ambos, a Kanif por su excelente texto, y a ti Javi por tus reflexiones.
Un abrazo muy fuerte a tu hija si le llega...cachis la porra! tiene que ser excelente el sonido de la triki en pleno amazonas...

Io dijo...

Te leo y me duele el recuerdo de los niños perdidos entre la mugre y la pega esnifada que tantas veces vi en Casablanca, en Tánger, en Marrakech, en Rabat, en los suburbios de Barcelona. Los ví,Sonia, sólo los vi.

Y me duelen, de otro modo, los adolescentes de Sitges, de Vilanova,de Badalona, de Sant Feliu del Llobregat, perdidos entre su deliberada vestimenta cutre y semicarcelaria, entre sus modas y sus canutos y el abuso del alcohol y las pastillas, perdidos sobre sus ciclomotores, perdidos en la falta de dedicación de sus padres, que les sueltan un puñado de euros para que callen pero se desinteresan de lo que hacen, de dónde lo hacen y de por qué lo hacen...

Dos modos, dos circunstancias bien distintas para un mismo resultado, el de malbaratar unos años - que pudieron ser preciosos - para dejarse en ellos la salud y, en tantos casos, la misma vida.

Me duele el recuerdo de todo eso leyendo tu escrito, Sonia.

Pero no basta con que duela, no me basta. Ha de ser posible algo más para quebrar ese estado de cosas, pero aún no sé qué. ¿Lo sabes tú?

Saludos.

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